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   Víbora - Siempre hay alguien. Verdad que sí. Siempre hay alguien que lo daña. Nunca faltan. En el trabajo, en la calle, en la familia, en la comunidad y en la Iglesia. No tienen mas nada que hacer que chavar. Siempre están molestos. Se pasan quejándose, y animando a otros a quejarse. No están conformes con la paz y armonía prevalentes. Se agrian su existencia y la de los demás. Siempre están hablando. Siempre. De lo que sea, pero hablando. Se lo saben todo. Ven el mundo por unos ojos tan subjetivos y defensivos que realmente creen que están bien. El resto son los están mal.

Todo lo ven como una amenaza. Se inventan complots, se ingenian estrategias sociales que los ayudan a mantener control. Hablan con uno del otro y viceversa. Astutos como ellos sólos. Sonríen y saluden a esa misma gente a quien calumniaron ayer. Pueden poner amigos y compañeros a pelear en cosa de días. Pueden crear un infierno en tu hogar, tu oficina ó tu organización. Transmiten una tensión que carga el ambiente, poniendo a todos de punta. Y si por alguna razón la cogen contigo. Te chavaste. Si no les ríes las gracias, si no le rindes homenaje, o si los ignora, te buscastes la muerte. Sus complejos y envidia los obliga a imponerse de cualquier manera.

Lo más sorprendente de este fenómeno es que creen que nadie se da cuenta. Que nadie percibe sus maniobras. Da pena verdad. Verlos tratando de montar su teatro de nuevo. Patético. Llevan sus hazañas pasadas en la espalda, como cruces, cargas que se echaron encima por calumniar a sus hermanos, en vez de ayudarlos.

Pero recuerda nosotros somos cristianos, maestros del perdón. Tenemos que buscar la manera de exonerarlos. Muchas veces estas actitudes vienen de acontecimientos en sus pasados que lo han atormentado, temores que tuvieron un efecto profundo en sus siquis. Sus inseguridades son tal que no van a poder cambiar su forma de ser. Así son y yá. Tratar de razonar con ellos es una pérdida de tiempo y esfuerzo.

Cuando Cristo andaba por Galilea curando enfermos y sacando estos demonios, estoy seguro que se encontró con todo tipo de personas. Siempre había alguien que lo tentaba, alguien que lo envidiaba, alguien que quería comprometerlo. Mi Jesús conocía de sus intenciones y no tenía miedo de desenmascarar sus hipocresías. Desde Génesis, la serpiente, símbolo de la maldad del hombre, ha buscado destruir lo bueno y lindo del mundo. Es una guerrra sin fín. Una batalla diaria.

Tenemos que ponernos los pantalones y enfrentar el mal. No dejes que te atropellen a tí, ni a tu gente. Ser cristiano no equivale a ser débil. Al revés. Debes dejarle saber a todos que vives con Cristo y que tu no permites que ninguna maldad penetre tu círculo de familia, trabajo o Iglesia. No vas a ser complice de una fuerza destructora. Recuerdo el dicho…"aléjate Satanás." Tu sabes quién y qué no te conviene. No te dejes manipular. No te convertas en parte del problema.

Si todos ponemos de nuestra parte, podemos eliminar poco a poco las cosas que nos atan y nos frenan el progreso. Mantenernos en los caminos de Dios se nos va a ser fácil si caminamos juntos como hermanos. No existen sombras donde brilla la luz de mi Señor Jesucristo y no hay maldad que resista la espada de su Palabra. No te arrastres con las víboras, caminemos derecho. Tú, yo y Jesús.                                Luis Nieves Sánchez, SSN.