ANESTESIA - Dime... ¿Qué te gusta? Muchas cosas me imagino. Desde la comida hasta la velocidad, hay una cantidad de actividades y artículos que nos hacen sentir bien. Y como nos gusta, los buscamos y hacemos lo que sea por tenerlos. No importa el precio, ni los problemas en conseguirlos. Y bien que sí. A veces algunos momentos alegres compensan por las luchas y amarguras que vivimos hoy en día. Muchos se aferran de estas actividades y lo convierten en su estilo de vida, su rutina. Cada día cobran más importancia los bailes, el mall, los juegos, la televisión, el billar, el pub, el cine, la comida, la ropa, las drogas, la bebida, los carros, las casas y la gloriosa política.

* Estoy seguro que ya te diste cuenta que hablo de placeres temporeros. Tienes que volver a reponerlos. Repítelos lo suficiente y habrá un tiempo donde no podrás hacer otra cosa. Que si en algún momento te faltara alguno, las ansiedades te comen vivo. Estúdiale las caras a la gente cuando se va la luz. Parecen perdidos. Si se pierden un boxeo, un capítulo de la novela, la cita con el beauty o no pudieron ir con los panitas a chistear son capaces de amargarse ellos y a todos. Si no les echan las cartas, no saben que hacer. Para algunos la relación que tienen con el Mall da miedo. Su universo consiste de las compras y su destreza en los parking. Pa los que beben, tu mismo sabe el daño que te haces buscando la calma ó alegría barata, para luego penar las estupideces cometidas. Y para los que creen que los juzgo muy duramente. ¿Dime? ¿De verdad necesitaba esos camones de $800 ó hacerte las uñas con gráficas tri-dimensionales? ¿Y cuántas cadenas de oro son suficientes? Perdona por preguntar. No se ofendan por lo que digo. Sé que alquilar 5 películas a la semana, comer exageradamente, pasar el día viendo TV, beber todos los días, hacerte tatuajes y perforar tu cuerpo tiene algún mérito macabro.

* Si no puedes vivir sin estas zanganerías, algo anda mal. Nada de esto te puede aliviar las penas. Gastas tanto para sentirte bien. Tanto dinero botado. Súmalo, al año entre videos, uñas, alcohol, camones, prendas, cable, música y esos bellos tatuajes se van miles. Perdidos. La pasaste bien … y ahora. ¿A buscar más? Y mientras estás en estos importantísimos quehaceres, donde están tus hijos, tu familia. Harán igual que tú. Te imaginas el bien y el provecho que traerás a tu vida y la de los tuyos si usas ese dinero, tiempo y esfuerzo para acercarte más a Cristo. Enseñarles que el amor de Jesús no cuesta, paga. Que aparentar y complacer a las amistades es una industria en bancarrota. Cuéntalos cuando los necesite de veras, serán muy pocos los que te socorran. Con el tiempo te darás cuenta cómo malgastaste tu vida en frivolidades. Y lo peor de todo será que en primera fila, durante todo estos años estaban sus hijos. ¿Que pensarán de tí? No te créas, la imagen que tienen de tí no es ese mito que tu mismo te crees. Te querrán y adorarán, con amor y con pena, porque han visto lo mejor y peor de tí. 

* ¿Que recordarán de tí, las veces que te hiciste las uñas ó la vez ayudaste en su escuela? La vez que los llevaste al billar ó el ratito lindo que pasaron en la Iglesia. Cuando te vieron borracho ó cuando te vieron orando. Cuando te vieron calumniando ó cuando te vieron alabando. Cuando les perforaste las orejas ó cuando te perforaste la lengua. Cuando te hiciste el tatuaje o cuando pintaron la casa juntos. Cuando ayudaron alguien en aprietos ó cuando pelearon con el vecino. Son preguntas fáciles. ¿Ya las contestastes? Si continuamente te tienes que anestesiar con placeres mundanos y egoístas, no hace falta un sicólogo para que sepas que tu superficialidad no te deja respirar. Busca la calma, la tranquilidad. Tu diagnóstico es sencillo. Busca más allá de los juguetes, las apariencias y las drogas. Llenate tú de la misericordia de Cristo Rey. Visita tu Iglesia, la que sea. Busca un mundo más completo para así traerles a tu familia verdadera y duradera felicidad. Los recipientes de tus esfuerzos son tus hijos. Qué hermoso sería oírles decir … “Mami me trajo a Cristo”, “Papi me enseñó a Jesús”. Te queda tiempo. Ahora te falta la voluntad. Si necesitas un guía, aquí en La Catedral estamos para ustedes siempre.  

* Recuerda tu felicidad no está en el Mall y la enseñanza de tus hijos no termina en la escuela. ¿Quieres ayudarlos? No acostumbres a tus hijos a buscar soluciones rápidas para calmar sus ansias. Entre más pronto consigan la paz y el sosiego de Cristo, mejor vivirán sus vidas y aprenderán a aprovechar sus energías y sus bolsillos. La paz de Jesús no se vende en ninguna tienda, pero siempre está en especial.                                                               

                                                                 Luis Nieves Sánchez, SSN.

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